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miércoles, 22 de mayo de 2013

"Frente a los desahucios... Volvemos a las cuevas"


Te invitamos a participar en esta nueva actividad, esta vez de nuevo en contacto con la Naturaleza, con un componente cultural y lúdico y como siempre dirigida a un fin, que quienes nos conozcan sabrá cuál es y mueve la gran mayoría de nuestras acciones: fomentar la camaradería y el espíritu de Comunidad militante, sin tejer esa red es imposible pescar, es muy difícil llegar al Pueblo y es absurdo abanderarse como "salvadores de la Patria" y de la pureza ideológica bajo la exclusividad y el sectarismo de unas siglas u otras.

Las casas se comienzan a construir por los cimientos y no por el tejado, y antes de vivir en casas se vivía en cuevas, hoy familias desahuciadas físicamente de sus casas por la usura bancaria y la complicidad partidista de políticos corruptos que antes han desahuciado espiritualmente a nuestra Patria de todo aquello que la hizo Grande, Unida y Soberana y han convertido al Pueblo en consumidores aborregados en una sociedad decadente dentro de un mundo en ruinas, que nos obliga a atrincherarnos para resistir y reconquistar Principios, Ideas y Valores hoy perseguidos con saña por todos esos malvados que nos consideran malditos por creer en el Bien, la Verdad, la Justicia y la auténtica Revolución que empieza por uno mismo.

Para despertar conciencias hay que Creer, hay que Obedecer y hay que Combatir.

¡Nos vemos en las cuevas!

El Duque de Alba entrando en Rotterdam


miércoles, 15 de mayo de 2013

¡Madriz Castizo y Castellano!

Los milagros más famosos de San Isidro


Hoy se celebra en Madrid la festividad de su patrón, San Isidro Labrador. Nuestro protagonista nació en el 1082, fue un hombre de intensa fe y que trabajó en el campo. Casado con Santa María de la Cabeza tuvieron un hijo, Illán, también santo. No obstante, lo más peculiar de su vida son los numerosos milagros que se le atribuyen, nada más y nada menos que 438. Conozcamos los más significativos.

El pozo de San Isidro
Posiblemente el milagro más famoso de todos es el que salvó a su hijo Illán de una muerte segura. Al parecer, mientras San Isidro se encontraba trabajando en el campo su hijo cayó en el interior de un profundo pozo. Cuando llegó se encontró a su mujer, Santa María de la Cabeza desesperada y lamentándose por lo que había ocurrido. Ambos se pusieron a rezar junto al pozo y pronto el nivel del agua comenzó a subir hasta que el niño salió a la superficie. Este pozo es el que se puede ver si se visita el Museo de los Orígenes o Museo de San Isidro en la Plaza de San Andrés. (entrada gratuita)

Aparición de fuentes y manantiales
Otro de los fascinantes capítulos atribuidos a San Isidro y también tiene como protagonista al agua. Un día que el santo estaba cumpliendo con sus labores del campo recibió la visita de su señor, Iván de Vargas, quien le pidió un poco de agua para beber ya que era un día muy caluroso. El santo se dio cuenta entonces de que se le había terminado así que cogió su cayado y golpeó el suelo diciendo: “Cuando Dios quería, aquí agua había”. En aquel mismo instante comenzó a brotar agua del suelo. Este punto es desde antaño una fuente cuya agua muchos creen que tiene propiedades curativas y donde la Emperatriz doña Isabel mandó levantar la ermita, en 1528.

Ayuda divina en el campo
Otro milagro que ha llegado hasta nuestros días nos relata que San Isidro contaba con una ayuda muy especial en sus tareas del campo. Concretamente, la de dos ángeles que labraban con los bueyes mientras que él rezaba.

El saco de grano misterioso
San Isidro tuvo un gran amor por los animales y su relación con éstos también desembocó en otro capítulo milagroso. Un día que había nevado nuestro protagonista se dirigía al molino cargando sobre sus espaldas un pesado saco de grano. De camino sintió pena por un grupo de pájaros que, por culpa de la nieve, no eran capaces de encontrar su alimento en el suelo así que decidió compartir con ellos parte del cereal que cargaba. Cuando llegó a su destino descubrió con asombro que el saco estaba otra vez lleno.

Comida infinita para los pobres
Otro episodio milagroso es el de la llamada “olla de San Isidro”. El Santo organizaba de forma periódica (en algunos sitios he leído que todas las semanas, y en otros que de manera anual) comidas para los más necesitados. El caso es que en cierta ocasión, el santo no contaba con alimento suficiente para tantos asistentes. Para tratar de remediarlo, a la vez que rezaba comenzó a introducir el cazo en la olla y ésta parecía no tener fin. Siguió sirviendo más y más comida hasta que todos quedaron saciados.

El cuerpo incorrupto
Seguimos con los milagros atribuidos al patrón de Madrid, éstos ya acaecidos una vez muerto. El primero de ellos es que murió en 1172 y fue enterrado junto a la Iglesia de San Andrés. Sus restos fueron exhumados décadas más tarde y descubrieron con asombro que el cuerpo estaba incorrupto. Este milagro va estrechamente ligado al siguiente…

Consejo en la Batalla de las Navas de Tolosa
Cuando Alfonso VIII regresó victorioso de la batalla de las Navas de Tolosa cuenta como en el devenir de la guerra había resultado decisivo el consejo de un pastor que les había mostrado un camino secreto en Sierra Morena para sorprender a los musulmanes. Cuando el monarca contempló el cuerpo intacto de San Isidro reconoce entonces al pastor que sabiamente le había aconsejado en la batalla. ¡El Santo se le había aparecido una vez muerto para guiarle hasta la victoria!

Sanación de Felipe III
Para finalizar, quería hablaros del milagro que le valió la beatificación al Santo. Estando Felipe III gravemente enfermo, éste pidió que le llevaran el cuerpo de San Isidro para ver si de esta forma su salud mejoraba. Como os podéis imaginar, esta “visita” al monarca tuvo un inmediato efecto sanador y en agradecimiento, el Rey inició los trámites de una beatificación que tuvo lugar el 14 de abril de 1619.

Como veis la vida de San Isidro da para varios secretos, no es de extrañar teniendo en cuenta que vivió cerca de 90 años, una longevidad totalmente fuera de lo común en los Siglos XI y XII.

¡Feliz San Isidro a todos!

miércoles, 8 de mayo de 2013

Historia de una bandera


Me tejieron hace años, urdieron mis hilos con cariño y amor manos expertas de mujer que manejaban el telar de madera. Hilos rojos, hilos gualdas, hilos que se iban entrelazando, manos que enredaban y que cortaban, pies accionando el pedal, manos rápidas y precisas que me dieron la vida.

Nací bien hermosa, con flecos dorados y el Escudo bordado en oro. Luego, me escondieron y me doblaron, muy amorosos sí, ¡pero en una caja me guardaron!

Pasé un tramo de tiempo allí encerrada, oliendo a naftalina y deseando ser izada. Después un día sentí que el estante se removía y que unas manos me buscaban. Hasta el león del Escudo rugió de alegría.

La conversación fue breve: Ésta es, decía uno, es muy hermosa, contestaba el otro con muy buen ojo, lucirá esplendorosa en el navío, remataba.

¿Navío?, aquello, ¡qué mal me sonaba!, mar, agua, viento y sal. ¡Acabaría destrozada!, pero luego me puse a pensar que si así, de aquella manera me deshilachaba, tampoco sería un mal final para una bandera de la Real Armada.

Me llevaron en una caja nueva, de madera labrada, antes me habían limpiado el polvo y la peste a alcanfor, ¡menos mal, pues yo quería estar bien guapa!, me llevaron hasta un puerto y allí de mil hombres rodeada, por fin me desplegaron y por fin fui izada.

Daba vértigo ver el mar desde la popa tan alta, pero no pueden imaginar lo orgullosa que flameaba. Cada día me miraban, me mimaban y los hombres en las noches claras sus secretos me contaban, muchos de ellos me susurraban: ¿Por qué eres así España?

Yo no decía nada pues nada podía decir, yo tan sólo a todos ellos representaba, y por eso colgaba orgullosa, aunque los malos vientos ya habían empezado a arrancarme hilos y llevarse mis colores pero sin importarme la pérdida, importándome nada más que seguir allí, muy tiesa, ondeando cara al viento el nombre de mi tierra.

Pasaron los años y yo seguía en la popa de aquel navío. Ya no era tan bella, la mar y el tiempo habían hecho mella en mí y aunque no había acabado como mi hermana de la grímpola que un día voló para perderse para siempre en mitad de una tempestad atravesando el Cabo de Hornos, sí tenía un par de recosidos y algunos agujeros, además de estar deshilachándome cada día, dejando mis hilos rojos y mis hilos gualdas por los siete mares.

Por eso un día me arriaron, y aunque lo hicieron con todos los honores, saludándome todos con mucho respeto, yo creí morir cuando lo hicieron, mientras me doblaban de nuevo, pude ver izarse a mi hermana, nuevecita, brillante, tan hermosa como yo hace tanto tiempo.

Creí que me guardarían para siempre Pero no fue así. Gracias a Dios.

A los pocos días de haberme guardado en la caja labrada, sentí de nuevo que me movían, y escuché tambores y trompetazos. ¿Qué sucedía?, ¿acaso mi hermana había salido volando?

¡Pues no!, resulta que estábamos en puerto, o más bien atracadero y allí había un fuerte, pequeñito, pero de sólida piedra y en forma de estrellita, con sus garitas redondeadas y sus dos cañones asomando por sendas troneras.

Aquel sería mi nuevo hogar. Rodeada de selvas y frente a una playa hermosísima. También había sal y vientos malos, y hastío y aburrimiento, también había hombres que me miraban atravesados muchas noches, podía sentir su odio, pero luego, aquellos mismos hombres que de todos sus males me acusaban, se arremolinaban a mi alrededor, defendiéndome como endemoniados por no dejar que en manos enemigas quedara.

Y mil veces lo hicieron, y en cada ocasión caían a mí alrededor y entre lágrimas gritaban, “España” y yo desde lo alto y acribillada siempre, siempre les arropaba. Y mil veces cayeron y mil veces me defendieron de todos los enemigos que hasta el fuerte vinieron.

Luego la desgracia se abatió sobre nosotros, los hombres lloraban y se desgarraban las vestiduras, nadie quería marcharse, nadie quería abandonar aquella tierra hermosa que llevaba siglos bajo mi sombra. Pero no pudo ser.

Un buen día me arriaron, yo estaba, la verdad, muy vieja y cansada, con los colores ajados y el bordado desgastado, atravesada de agujeros, zurcida en mil sitios, deshilachada aunque eso sí, jamás, jamás humillada.

Hasta ahora…

Después de todo aquello me encerraron en otra caja, ataúd de lujo en el que pensé quedaría ya olvidada. Pero no. Pasó tiempo, mucho tiempo…

Ahora me tienen restaurada que dicen, expuesta entre vitrinas, extendida, casi izada. A veces estando aquí recuerdo aquella popa y aquellos días de sal y espadas. Al principio, para qué negarlo me sentí ruborizada, ¡todo el mundo iba a verme!, ¡a mí a la acribillada!

Sin embargo quedó mi gozo en un pozo, muy hondo de tristeza y de pena. Allí me colocaron, no hubo trompetazos ni honores y ya aquello me llenó de congoja y de extrañeza. En una equinita escondida, apartada, casi oscura, casi desierta, acompañada de panfletos y papeles, y cucharas, peroles y cosas de ésas.

Pero lo peor era la gente, los descendientes de los del barco, de los de las noches desiertas, los hijos de todos aquellos que me habían defendido con fiereza. Yo sonreía orgullosa, de mis agujeros, de mis viejas telas… Y ellos me miraban con desprecio, sin nobleza, me miraban burlones, asquerosamente irrespetuosos, sin pizca de delicadeza, sin educación, sin valores, sin reconocerme siquiera.

Lo peor era el olvido al que me sometían, más que me tuviesen expuesta.

Y ahora cada día, cuando abren la casa ésta, que pretende ser recuerdo y solamente es vertedero de glorias y de noblezas, me estremezco y mis viejos hilos rojos y mis viejos hilos gualdas lloran de rabia y de pena.

Primer plano conocido de Madriz en 1635


Y en la imagen de abajo la evolución desde 1635 hasta nuestros días...


jueves, 2 de mayo de 2013

Las huellas imborrables del 2 de Mayo

El 2 de mayo es una fecha especial para Madrid, quizás la más relevante del calendario. Este día nos recuerda que hubo un Madrid que se plantó ante la asfixiante amenaza Napoleónica. La gente se movilizó y se armó consciente, en muchos casos, de enfrentarse a una muerte segura. Este es mi homenaje para aquellos ‘desconocidos’ que dieron su vida por nuestra libertad.

Sin querer resultar aburrido os pongo en antecedentes. Año 1808. Napoleón sigue en sus trece de conquistar Europa. Con la excusa de dominar a Portugal sus tropas avanzan por España bajo el Mariscal Murat pero la gente no tarda mucho en sospechar sobre las oscuras intenciones del francés. Someter al pueblo español. La gota que colma el vaso llega cuando varios madrileños observan como dos carruajes salen del Palacio Real. Presumiblemente en su interior va el InfanteFrancisco de Paula, hijo menor del Rey. Todo hace indicar que el resto de la Familia Real ha sido capturada.

En ese momento se desarrolla un primer enfrentamiento entre la gente del pueblo y los franceses que se salda con la muerte de diez españoles. Una masacre que enciende la mecha del alzamiento popular. Los días venideros Madrid se convierte en un polvorín. En diferentes puntos de la ciudad estalla un sentimiento nacional que inunda las calles. Enfrentamientos desiguales, actos heroicos que se saldan con la muerte de muchos, tanto de un lado como de otro. Sin duda, un capítulo decisivo de nuestra historia que quedó inmortalizado por artistas como Goya.

Aquel primer levantamiento del Dos de Mayo fue rápidamente apagado por Murat, lo que no pudieron controlar los franceses fue aquel germen que desató la Guerra de la Independencia. Un conflicto que se alargó durante cinco devastadores años y que terminó con los franceses retrocediendo sobre sus pasos. Hoy os invito a hacer un recorrido por las huellas que aquella fecha histórica, el 2 de mayo, dejó en Madrid para siempre.

Plaza del Dos de Mayo: Posiblemente el lugar más conocido de todos. En este punto se libraron numerosos enfrentamientos. Esta plaza que hoy se llena de jóvenes todos los fines de semana haciendo botellón fue uno de los puntos clave del 2 de mayo. En el centro el arco original que perteneció al Cuartel de Artillería de Monteleón junto a las esculturas de los capitanes que lideraron el alzamiento, Daoiz y Velarde.


Placa en la Casa de Correos: Rodeada del bullicio eterno que siempre vive en la Puerta de Sol, mucha gente pasa por aquí mirando al suelo en busca del ‘Kilometro 0’ pero pocos se fijan que en este punto exacto se libraron los primeros choques entre madrileños y las tropas de Napoleón.

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Calle de Manuela Malasaña: El nombre por el que se conoce coloquialmente al Barrio de Maravillas viene de una de sus calles más famosas. La gente relaciona directamente Malasaña a ‘La Movida’ pero Manuela Malasaña fue una joven costurera de unos 15 o 16 años que falleció a manos de las tropas francesas. Su pérdida fue un duro golpe para el barrio.


Plaza de la Lealtad: En el Paseo del Prado encontramos esta pequeña plaza con un obelisco y una llama siempre encendida en recuerdo a las víctimas del 2 de mayo. En este lugar, a los pies del obelisco, hay una urna en la que se conservan las cenizas de los sublevados que fueron fusilados el 3 de mayo


Púlpito en el Arco de Cuchilleros: Dentro de este arco que da a la Plaza Mayor, está el púlpito desde el cual un religioso instó a relevarse contra el invasor francés.


Monumento al 2 de Mayo de Aniceto Marina: Este conjunto escultórico está un poco oculto y se puede apreciar en los Jardines del General Fanjul, junto a Calle Ferraz. Fue inaugurado en el centenario de los acontecimientos de 1808 y muestra a varios personajes en el fragor de l batalla.


Monumento a Ruiz: En la tranquila Plaza del Rey, frente a la Casa de las Siete Chimeneas y semi escondida en una de sus esquinas, se levanta el monumento al Teniente Ruiz, otro valeroso militar que tuvo una actuación destacada en los acontecimientos.


Placa en el Palacio Real: Aquí se señala el punto donde se origina todo el conflicto. La tarde del 1 de mayo los madrileños ven salir a dos carruajes del palacio e intuyen que la familia real ha sido apresada por los franceses. Comienza un primer enfrentamiento que se salda con la muerte de diez españoles.


Placa en Calle de la Ternera: Aquí se señala el lugar donde vivió el Capitán Daóiz, uno de los héroes del 2 de Mayo.


Está claro que por mucho que pasen los años el pueblo de Madrid nunca olvidará la sus héroes.

Fuente: www.secretosdemadrid.es